Niño con depresión infantil, sin intenciones de jugar

Depresión infantil: ¿Mi hijo está triste o deprimido?

Se engaña quien cree que no existe la depresión infantil. Las personas creen que como los niños “no tienen problemas”, entonces nunca están deprimidos. Sin embargo, si los problemas fuesen la causa de la depresión, todos estaríamos deprimidos. Los problemas causan tristeza y ansiedad, pero no necesariamente depresión.

Las personas usan el término depresión para describir la tristeza. Tristeza es un sentimiento presente y necesario en todos nosotros, pues sin ella no reconoceríamos el valor de la alegría. Depresión es un trastorno afectivo, un desorden  cerebral funcional con base bioquímica, por lo tanto, no es frescura, como muchas personas hablan. Y los niños también pueden ser afectados por este trastorno, aunque no es reconocido.

La depresión infantil se manifiesta de una forma diferente a la del adulto. Como el niño todavía está formando su repertorio de reconocimiento y de comunicación para hablar de sus sentimientos de angustia, desesperanza y de baja autoestima, no consigue tener claro lo que está sintiendo ni consigue exteriorizar adecuadamente sus sentimientos.

Los adultos se quejan e incluso cuando no lo hacen, la familia percibe por su actitud que algo errado está sucediendo. Como los niños todavía se están formando, ellos y sus padres creen que esto hace parte del propio desarrollo o del modo de ser del niño. Ellos callan y se retraen y los padres demoran en percibir que el hijo necesita ayuda.

Depresión infantil

Por naturaleza, el niño está explorando el ambiente para descubrir cosas nuevas. Cuando tiene miedo o se siente inseguro, el niño se retrae, aquietándose y quedándose quieto y con miedo de separarse de sus cuidadores. Cuando esto comienza a suceder, es preciso estar atento para notar si es algo momentáneo o no.

Otro punto a observar en una posible depresión infantil es la calidad del sueño. Si el sueño del niño comienza a ser interrumpido por pesadillas y comienza a tener miedo de estar solo a la hora de dormir, reclamando  y llorando, es importante quedarse atento, pues el patrón del sueño cambia en los cuadros depresivos.

Es necesario observar como el niño actuaba antes y cómo actúa ahora. Si el niño era activo y ahora no tiene interés por nada, era calmado y ahora está agresivo. Pueden aparecer otros síntomas como disminución de la atención y de la concentración, sentimientos de inferioridad, ideas de culpa e inutilidad, tendencia al pesimismo, y dependiendo de la gravedad del cuadro, ideas de suicidio. Estos cambios deben durar mínimo un mes.

Del mismo modo que la depresión en los adultos, la depresión infantil puede ser ocasionada por una disfunción de los neurotransmisores y neuroreceptores, teniendo influencias de factores genéticos, como también por factores de naturaleza psicológica, emocionales, como cambio de ciudad o separación de los padres, siendo una reacción psicológica a cuestiones existenciales.

Cuando los padres perciban un cambio significativo en el comportamiento del niño, como llorar constantemente, estar muy irritado o perder peso sin razón aparente, deben llevarlo a donde un profesional para que sea hecho  un diagnóstico.

Además de hacer el diagnóstico, es importante que los adultos próximos a este niño lo apoyen y le demuestren que no está solo, respetando y comprendiendo sus sentimientos, incentivándolo sin presión a desarrollar actividades que le gustan y darle atención y cariño cuando lo solicite.

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