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Suicidio: ¿cómo se puede ayudar? Guía completa de prevención

Posiblemente ya oyó hablar de alguien que intentó acometer un  suicidio o incluso logró el objetivo de quitarse la vida. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que aproximadamente 804.000 personas han intentado suicidarse en el año 2017.

El número de personas que se suicidan en el mundo hoy ya supera el número de muertes por homicidio.

Continúe leyendo este texto para averiguar qué acciones se pueden adoptar en nuestra vida cotidiana para ayudarle a promover la salud emocional y convertirse en un agente promotor de la misma.

Prevenir el suicidio es ante todo promover la vida, una vida armónica, con fraternidad y respeto.

¿Por qué es tan importante que hablemos del suicidio?

La OMS considera el suicidio un caso de salud pública. Es necesario hablar sobre el tema, para minimizar mitos, tabúes y tratar el asunto con la seriedad que se debe.

El comportamiento suicida es un fenómeno complejo y multifactorial. En el cual factores personales, sociales, psicológicos, culturales, biológicos, ambientales o de otro tipo componen la cuestión. Además este fenómeno está sujeto a una gran diferencia de género, los hombres se suicidan 4 veces más que las mujeres.

Son 2.200 casos confirmados por día, uno cada 40 segundos. Pero, cada diez casos de suicidio, nueve pueden ser evitados. Esto nos dice que mucho se puede hacer, para que esas personas no renuncien a vivir y puedan retomar sus vidas con salud y equilibrio emocional.

¿Qué lleva a una persona a querer suicidarse?

El suicidio no tiene una causa única. Siempre involucra diversos factores.

Las personas que piensan o intentan acabar con su vida están pasando por un gran sufrimiento y el dolor emocional se vuelve tan grande que el deseo de acabar con ella es mayor que cualquier dolor físico que un intento de suicidio pueda causar.

En la mayoría de los casos, estas personas ya han buscado ayuda. Ellas ya buscaban ser escuchadas, pero no tuvieron éxito, no fueron acogidas en su momento de dolor. Generalmente es así.

¿Por qué hay tantos suicidios?

El suicidio está relacionado con el aumento del número de trastornos mentales en nuestra sociedad, tales como la depresión, el alcoholismo, el trastorno bipolar, el trastorno de la cordura, los trastornos de ansiedad, etc.

Otro factor que contribuye al crecimiento de casos de suicidio es que en la sociedad moderna hay muy poco espacio para el sufrimiento y para la acogida de quienes sufren.

Las exigencias de felicidad, éxito, riqueza nunca fueron tan intensas. Aquel que sufre, que no está bien, no encuentra espacio ni acogida para expresar lo que siente la mayoría de las veces.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) prospectó que en 2030 la depresión será la segunda causa más importante de incapacitación de los individuos.

Todavía hay mucho preconcepto y desinformación sobre las enfermedades / trastornos mentales como la depresión u otros.

Sí es una enfermedad, aunque muchos todavía creen que no se trata de ello. Es interesante resaltar que la depresión no es “frescura”, “falta de coraje”, “falta de Dios”, “debilidad”, o cualquier otra cosa.

La depresión es una enfermedad. Como tal, necesita un tratamiento adecuado, así como todos los demás trastornos. Nadie elige coger la gripe, nadie elige estar deprimido.

 

¿De dónde vienen nuestros prejuicios?

Muchas veces nosotros mismos pasamos por grandes sufrimientos y seguimos luchando. Y eso es muy bueno. Sin embargo, cada caso es distinto, porque tenemos una carga genética diferente y principalmente, unas vivencias y experiencias distintas, hecho que nos hace únicos y singulares.

En el fondo no nos gusta lidiar con el sufrimiento y el dolor del otro, porque ellos remiten a nuestros propios dolores y no siempre estamos suficientemente sanos emocionalmente para no implicarnos, de forma negativa, con el dolor del otro.

Entonces, si ha pasado o pasa por un gran sufrimiento y se resiste a él, ¡qué bueno! Pero no por eso que vamos a banalizar el sufrimiento de otras personas.

¿Qué tal sustituir la banalización por el respeto? Respete la diferencia sobre cómo se puede sentir otro.

Las comparaciones causan un gran daño al bienestar psíquico. Evítelo. El sufrimiento no se compara.

A pesar de que hoy en día es común una cierta disputa entre las personas cuando empiezan a comparar un sufrimiento con el otro.

El dolor emocional, de quien pretende o intenta suicidarse, se vuelve tan grande, que el deseo de acabar con su vida se vuelve mayor que cualquier dolor físico que se pueda sentir.

Generalmente, son personas que ya buscaban ayuda, buscaban ser escuchadas, pero no tuvieron éxito en esa experiencia. Es decir, son personas que no fueron acogidas en su momento de dolor.

¿Estamos ayudando o perjudicando?

Estamos viviendo un momento social en el que no podemos sufrir, no podemos estar tristes, equivocarnos o fracasar. Hay muy poca acogida entre nosotros.

Cuando alguien habla sobre los propios problemas, la mayoría de nosotros ofrece soluciones listas para que el otro aplique, muchas veces con uno de juicio: “¿cómo se deja abatir así? ¿Por qué no hace esto aquello? Pare de reclamar.”

¿Qué podemos hacer?

Podemos comenzar justamente por no juzgar o banalizar el sufrimiento del otro.

Uno de los mitos muy comúnmente asociado al suicidio es que se trata de un intento de llamar la atención. Asignar a un intento de suicidio una voluntad de llamar la atención es banalizar el sufrimiento humano. Desafortunadamente, esta es una tendencia muy común en la contemporaneidad: banalizar el sufrimiento del otro.

Además de eso, vale la pena pensar en ello: si una persona intenta suicidarse, aunque fuera para llamar la atención, eso quiere decir que ella está inmersa en un sufrimiento inmenso para llegar al punto de pensar en quitarse la vida para conseguir atención.

Es decir, aunque fuera para llamar la atención, esa persona necesitaría ayuda y no que banalizara su sufrimiento.

Quien piensa en suicidio vive un sufrimiento intenso y ve como única salida para sanar ese sufrimiento quitarse su propia vida. Algo severamente grave.

Estas personas no quieren morir, pero llegaron a un punto de tal sufrimiento que para ellas se volvió insoportable.

Lo que quieren es parar ese sufrimiento que las consume y las incapacita. Creen que en el suicidio encontrarán esa forma de dejar de sufrir.

Para no banalizar lo que el otro pasa, algunas actitudes pueden ayudar:

Ceda su tiempo para escuchar al afectado

Todos sabemos cuán atareada es la vida, siempre estamos ocupados y corriendo de un lado a otro para dar cuenta de todas nuestras actividades.

Pero piense que, si alguien le buscó para conversar algo personal, hablar de algo que no va bien en la vida de él, esa persona confía en usted y está pidiendo su ayuda.

Usted puede mejorar mucho su vida tan sólo escuchándola.

Permita que le hable libremente. No le interrumpa ni le apresure

Hablar del dolor emocional es un proceso doloroso. Si usted está realmente apresurado y sin tiempo, marque otro momento para ofrecer su escucha, y que sea pronto.

Y, sobre todo, si ha marcado para otro día u otro momento, no olvide buscar a la persona y decir que está allí para oírla. No vale decir que van a hablar con ella después y se despreocupen. Para ese entonces, puede ser demasiado tarde.

¡No haga comparaciones!

No compare con usted ni con su sufrimiento.

Como ya se ha hablado aquí, cada ser humano tiene una historia genética, personal, cultural y ambiental que lo componen y lo hacen único. Las comparaciones son siempre dañinas a la psique.

El sufrimiento no se compara. El sufrimiento se escucha y se acoge.

Hay muchos padres que también hacen comparaciones entre los hijos y eso es muy negativo.

Acoja al que sufre

Ofrézcale, más allá de su tiempo, escucha sincera, atenta e interesada.

Mírele a los ojos. Tenga un habla suave. Cuidado con los gestos, el cuerpo habla, y nada de mirar los mensajes del celular o el reloj a cada momento.

Si usted está allí, pero con la atención y el pensamiento en otro lugar, la persona se dará cuenta de su ausencia y eso sólo va a contribuir a su sufrimiento en lugar de ayudarle.

No ofrezca soluciones instantáneas

Ofrecer soluciones instantáneas puede ser visto como una forma de banalizar el dolor del otro.

Otra tendencia muy común es cuando alguien se dispone a oír al otro sobre alguna dificultad o problema, aquel que escucha comenzar a dar un montón de soluciones (generalmente cargadas de sus prejuicios, basadas en sus experiencias y personalidad propias) que, posiblemente, además de no servir al otro, vienen cargadas de prejuicios.

Quien llegó a pensaren acabar con su propia vida necesita, ante todo, la escucha y la acogida de otros para poder hablar de ese estado de dolor, necesitan desahogarse y sentirse comprendidos.

No siempre las personas están buscando soluciones a sus problemas, buscan solamente acogida. Porque una acción para solucionar un problema personal debe partir del análisis y de la construcción de la propia persona.

Con la ayuda profesional adecuada y necesaria, el afectado, en el futuro, podrá descubrir sus propias y auténticas maneras de lidiar con lo que le está afligiendo.

Ofrézcase para ir con la persona en busca de ayuda o asegúrese de que ya haya buscado por ella

Usted puede sugerir que busque ayuda profesional para tratar sus problemas emocionales. Alentarla dejando claro que los profesionales de la salud mental, como por ejemplo médicos psiquiatras y psicólogos, son personas preparadas y entrenadas para promover la salud y la vida en un amplio sentido.

Que ese sufrimiento puede estar relacionado con una enfermedad mental que tiene tratamiento y que puede mejorar, tener una vida equilibrada y feliz si realiza el tratamiento adecuado.

Después de salir de la crisis inicial, el sujeto deberá realizar tratamiento prolongado con un psiquiatra y un psicólogo.

Dé opciones profesionales de ayuda como las citadas arriba, tan pronto como sea posible, o pregunte si ya ha buscado ayuda. Diga que le ayudará a encontrar un profesional si es necesario. Ofrézcase a ir con ella en las primeras consultas, si es necesario.

Aquel que tiene tendencias suicidas o que ya lo intentó necesita toda ayuda de familiares y amigos para atravesar ese período.

¿La atención psicológica en línea se puede realizar en estos casos?

No. La recomendación es que en casos de tendencia suicida la búsqueda de ayuda debe ser dirigida a algún centro especializado.

La resolución que permite la atención online vigente en el momento sólo permite atención psicológica online en la modalidad de orientación psicológica, lo que significa una terapia más breve, puntual, acerca de una cuestión focal. En un caso de tendencia suicida esa modalidad de atención no se aplica.

Además, en estos casos, también hay toda una demanda de contacto e interacción con los familiares, médicos psiquiatras u otros ajustes y acuerdos que se hacen con la familia, de modo que la atención psicológica queda inutilizada.

En el momento en que la crisis sucede, lidiar con cuestiones tecnológicas que son pertinentes y necesarias para la atención psicológica en línea segura, pueden convertirse en un factor estresante para el sujeto, contribuyendo a empeorar su momento de crisis.

Y lo más importante, para lidiar con emergencias y suicidios, los profesionales necesitan pasar por un entrenamiento específico que los capacite para lidiar con ese tipo de situaciones.

En definitiva, la mejor cosa que usted puede hacer para ayudar a quien pasa por una crisis intensa con tendencias suicidas es apoyarlo sin prejuicios y encaminarlo para el tratamiento adecuado con un profesional de salud mental.

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